El día 30 de mayo cumplí 25 años. La verdad es que al final no lo he llegado a celebrar por todo lo alto, y eso que me apetecía, al fin y al cabo, los 25 son una edad importante, ¿no? Intentaré celebrarlo todo el año, cada día un poco.
La verdad es que ese día me dió tiempo para muchas cosas: para hacer el vago en Seva con Papá, Mamá, Rafa, Núria, Lulú, Pau, Curra y Chini; para dormir un poco más que normalmente, para echar de menos.
Eché de menos la llamaba de mi abuela (hoy hace 5 meses que no estás abuelita, besos de parte de todos) y eché de menos a Marc.
Es curioso, hace nada he escrito un comentario para uno de mis hermanos sobre la importancia de las fotografías y yo… ahora mismo daría lo que fuera por poder recordar como olían. Una tontería, ¿no?
Recurdo muchas cosas de la abuela: pintando rosas, cosiendo, riéndose en el porche, haciendo gimnasia, mirando por la ventana de Seva, caminando, su cartera de piel roja… Pero no recuerdo su olor.
Tampoco recuerdo el olor de Marc; si sus tonterías, y su risa, y que no le dolía cuando le pellizcabas pero sí cuando le estirabas un poco del pelo, que nunca tenía frío. Mis amigas, las que me conocen de verdad, me regalaron una “M” de oro por mi cumpleaños, hay días que la llevo por mi y otros por él.
Puede parecer inútil escribir esto ahora, pero en el fondo, todo lo que escribo aquí son cosas que me cruzan por la mente y que quiero sacar de dentro así que… voy a intentar hacerlo mucho más a menudo: escribir quiero decir. Ser más clara, y más sincera.
Besos a todos,
Mabusu sana.
